Amor o odio, tú eliges como quieres sentirte.

NUESTRO BIENESTAR ES PRODUCTO DE AQUELLO QUE SENTIMOS

A estas alturas, con todo lo que hemos vivido y sabemos, podemos entender que nuestro bienestar depende de la forma en que gestionamos nuestras emociones, ¿cierto?. Si algo nos causa tristeza, miedo, ira, asco, sorpresa o felicidad (las seis emociones básicas según Paul Ekman) nos generará una actitud ante las cosas que debemos hacer y, por tanto, haciendo una cosa u otra, obtendremos un resultado u otro en función a como hemos gestionado o no  nuestras emociones. Hasta aquí, entendible. Pero ¿qué pasa cuando son las emociones de nuestro entorno las que condicionan nuestra actitud, nuestros actos y por tanto nuestros resultados? Veamos …En estos días (octubre/noviembre de 2017) los hechos de la política nos han superado. Nuestras emociones se han disparado y en el colectivo al que creemos pertenecer (necesidad de pertenencia, según Abraham Maslow), nos hemos arropado en la fría noche y ondeado la bandera en el día cálido. Lo importante es, al parecer, no pensar por nosotros mismos, no encontrarnos con nuestras propias emociones de frente y no ahondar en ellas para comprender su origen o justificar su exceso. Sí, “el corazón tiene razones que la razón no entiende”. Por eso, no nos ponemos a trabajar mucho en nosotros, es más fácil dejarse llevar y unirse a una de las dos corrientes existentes: amar lo que nos es cercano y propio y/o odiar aquello que -entendamos o no- nos es ajeno.

La gestión positiva de tus emociones como hábito de pro-actividad hacia buenos resultados y bienestar

Aquellos que aman (sus creencias, sus ideas, su proyecto, …), llenan de energía positiva sus actos. Su actitud es la de explicar y querer contagiar de su ilusión a los demás, al mundo entero. Sus acciones son las propias de personas pro-activas (primer hábito de la gente altamente efectiva de Stephen R. Covey) y centran sus esfuerzos en el círculo de influencia, se ocupan no se preocupan. Se dedican a las cosas con respecto a las cuales pueden hacer algo. Su energía es positiva, se amplía y aumenta, lo cual conduce a la ampliación de su círculo de influencia y, por tanto, hacen más cosas y mejores y así obtienen mejores resultados. Esto les produce bienestar, pues su foco está en lo que consiguen hacer con sus vidas y no en lo que no alcanzan (ya lo harán si les conviene)

La gestión negativa de tus emociones como impedimento a la creación de buenos resultados (y por tanto, malestar)

Por otra parte, las personas que odian, suelen ser reactivas, centran sus esfuerzos en el círculo de preocupación. Su foco se sitúa en los defectos de otras personas, en los problemas del medio y en circunstancias sobre las que no tienen ningún control. De ello resultan sentimientos de culpa y de impotencia (malestar). La energía negativa generada por ese foco, combinada con la desatención de las áreas en las que se puede hacer algo, determina que su círculo de influencia se encoja. El resultado es que no se sienten bien, que cada vez se sienten peor y que no obtienen aquel bienestar de cuya ausencia culpan a los demás.

Si extrapolamos este planteamiento a la situación socio-política actual, puede que el enfoque de amar aquello que defendemos (pro-actividad) y no odiar a aquello que despreciamos (reactividad) nos ayude a centrarnos en nuestro círculo de influencia, a adoptar una actitud positiva y esforzarnos por mejorar las cosas que están bajo nuestro control. Así, aceptando que no todos pensamos lo mismo y que mi actitud se centra en reforzar con buenas palabras mis ideas y creencias y no insultar, no despreciar y no mentir sobre aquello que creen los otros, pueda construirme un espacio personal de bienestar al margen del espíritu feroz del colectivo que ya no me arropa ni ondea su bandera en mis tardes de domingo (cuando esto escribo)

¿Quieres mejorar tus sensación de bienestar? Elige amar en lugar de odiar, elige ocuparte y no preocuparte. Cuando trabajamos en nuestro círculo de preocupación  en lugar del de ‘ocupación’ o influencia, otorgamos a cosas que están en su interior el poder de controlarnos. No estamos tomando la iniciativa pro-activa necesaria para efectuar el cambio positivo. 

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